Del crimen pasional al feminicidio

*Por Ana Gaitero, presidenta de Apfcyl

 

¡El mal llamado crimen pasional!, decía, ya en 1906, una crónica de los primeros números del Diario de León.

Ha hecho falta un siglo de periodismo para que se empezaran a socavar los términos que el patriarcado ha grabado a fuego durante milenios de violencia contra las mujeres en todas las culturas, religiones y civilizaciones. En tres décadas han surgido nuevos términos para nombrar la violencias machistas que los medios aún se resisten a usar como la palabra feminicidio, como si fuera algo que solo ocurre al otro lado del Atlántico.

Pero seguimos encontrando noticias donde los celos se apuntan como argumento o ‘motivación’ de crímenes machistas o se culpabiliza a la mujer’ como detonante de la conducta asesina o suicida por decidir separarse o abandonarlo. Un argumento tan viejo que hasta Cervantes combatió en El Quijote creando un personaje libre y contestatario como la pastora Marcela.

‘La guerra más larga de la historia’, título del libro de Lola Venegas, Isabel M. Reverte y Margó Venegas, tiene nombre en el siglo XXI: asesinatos machistas, violencias machistas, violencia de género, feminicidios, violencia psicológica, violencia simbólica, violaciones, acoso sexual..

Lo que no se nombra no existe

Hay que decirlo. El asesinato de Ana Orantes, el 17 de diciembre de 1997, marcó un antes y un después en la comprensión de la violencia machista por los medios de comunicación y los poderes públicos en España.

Siete años después, en 2004, se cumplieron 20 años el pasado 28 de diciembre, se aprueba en España la ley más avanzada de violencia de género y desde 2003 tenemos uno de los mejores sistemas estadísticos para contabilizar la violencia de género y todos los demás feminicidios. Se ha dado un gran salto, pero la reacción también es grande.

La ley 1/2004 incluye en los artículos 13 y 14 a los medios de comunicación: “La difusión de informaciones relativas a la violencia sobre la mujer garantizará, con la correspondiente objetividad informativa, la defensa de los derechos humanos, la libertad y dignidad de las mujeres víctimas de violencia y de sus hijos. En particular, se tendrá especial cuidado en el tratamiento gráfico de las informaciones”.

No fue ninguna ocurrencia

La Conferencia Mundial sobre Derechos Humanos, celebrada en Viena en 1993, reconoce, por primera vez, que la violencia contra la mujer viola los derechos humanos.

Es un hecho significativo. La Declaración Universal de 1948 incluyó a las mujeres (toda una novedad respecto a la Declaración de los Derechos del Hombre de la Revolución Francesa de 1789), pero no reconoce una violencia específica a las mujeres por el solo hecho de ser mujeres.

La Conferencia Internacional de la Mujer celebrada en Beijing en 1995 dedica el apartado ‘J’ a los medios de comunicación, para que incorporen la perspectiva de género y que las mujeres participen en la toma de decisiones en el proceso informativo. No era ninguna ocurrencia que los medios se implicaran en un cambio que molesta y mucho.

Empujando el cambio desde Castilla y León

Desde este pequeño rincón del mundo que es Castilla y León, a pesar de todo la región o la birregión más grande de Europa, contribuimos a ese cambio desde nuestra asociación Apfcyl, que echó a andar va a hacer siete años.

Creemos que el único periodismo es el que cuenta la historia completa, la de los hombres y la de las mujeres; el periodismo que nombra la violencia hacia las mujeres como un atentado a los derechos humanos, el que desenmascara las masculinidades tóxicas, el que escudriña en las estadísticas para hacer profundiza en el impacto de la violencia vicaria.

Con nuestras herramientas en las redes sociales, en la web periodistasfeministascyl.com y en foros como este, que nos sirven de altavoz, empujamos junto con toda una corriente de feminismo para socavar todo ese sistema que, como un gran iceberg, sostiene las violencias machistas.

Superar terminología caduca, expresiones condescendientes con los agresores, frases hechas o estereotipos que justifican las violencias machistas. No somos iluminadas, seguimos el rastro luminoso de muchas mujeres, muchas de ellas periodistas o escritoras, que lo largo de la historia han denunciado la violencia física, psicológica y simbólica a la que se pretende someter a la mitad de la población.

Somos conscientes de que en muchas épocas estuvieron solas y de que cuando consiguieron logros importantes y empezaban a ser muchas en todas partes fueron apartadas y despojadas de derechos como ocurrió en España con la dictadura franquista, pero también en otros países al finalizar la II Guerra Mundial e imponerse el mandato de la mística de la feminidad y la vuelta de las mujeres al hogar, dulce (y muchas veces, trágico, hogar)

Escritoras como Cristine de Pizán, en el siglo XV, que reivindicó los derechos naturales para las mujeres que les eran negados por el solo hecho de ser mujeres en La ciudad de las Damas: “La excelencia o la inferioridad de las gentes no reside en su cuerpo según el sexo”.

Olympe de Gouges fue guillotinada en el siglo XVIII por proclamar los derechos de las mujeres inexistentes en la Declaración de 1789: “Si las mujeres tienen derecho al cadalso, también han de tener derecho a la tribuna”.

Emilia Pardo Bazán creó personajes femeninos que rompían con el mandato de género de la época. La protagonista de El encaje roto, deja plantado a su novio al pie del altar al adivinar tras el rostro que puso cuando rompió accidentalmente el encaje que le había regalado y vislumbró una vida de sometimiento.

La periodista y escritora Carmen de Burgos fue precursora en abrir el debate del divorcio en España a principios del siglo XX; Magda Donato se metió en cárceles, manicomios, colas del paro y recorrió España para retratar las condiciones de vida de las mujeres en sus grandes reportajes en los años 30.

No, no somos iluminadas ni hemos surgido por arte de magia. Formamos parte de una tradición para la que en el siglo XXI hay una masa crítica preparada.

Herederas del feminismo

El ‘Me Too’, la reacción contra la Manada, la ley del sólo sí es sí… son el resultado de una larga trayectoria del feminismo que eclosionó en las primeras décadas de este siglo como el movimiento más transformador, un “movimiento social civilizatorio”, que combate las múltiples violencias machistas, el mercadeo de los cuerpos femeninos con la prostitución y los vientres de alquiler, el matrimonio infantil, la ablación, la cosificación de los cuerpos femeninos y la agresión simbólica que supone excluirnos de los espacios de influencia y poder.

La reacción del patriarcado que Susan Faludi ya vislumbró en los años 90 del siglo XX está en su pleno apogeo. Desde el Tea Party, que viene empujado desde Estados Unidos por la crisis financiera del 2008, hasta el florecimiento peligroso de los partidos ultraderechistas en toda Europa (en Castilla y León somos el jardín de sus experimentos), se combate al feminismo (muy especialmente en España) y se cuestionan los derechos de las mujeres.

El caso de la violencia de género es paradigmático. No quieren que se nombre y la intentan borrar con terminología que induce a la confusión como la violencia intrafamiliar, como un fenómeno nuevo y equiparable a la violencia de los hombres sobre las mujeres. O falsear con cifras como la ridiculez del 0,01% de denuncias falsas. O ignorar que el 98% de los asesinatos de hombres también son cometidos por hombres.

El periodismo no puede ignorar las leyes que afectan a las mujeres y establecer equidistancias con víctimas y agresores, ni tampoco con quienes cuestionan el ordenamiento vigente basado en las declaraciones y tratados internacionales sobre derechos humanos.

Nos llaman activistas para intentar anularnos como periodistas porque ponemos el foco en el machismo y las opresiones, pero también en los logros y la agencia de las mujeres. Por denunciar foros de influencia social, cultural o política con déficit clamoroso de mujeres, por defender que la democracia es un asunto de todas y de todos.

Feminicidio

La palabra feminicidio es el paradigma de ese cambio. La antropóloga feminista Marcela Lagarde fue la primera en usar este término en español al estudiar el incremento de los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez (México) entre 1993 y 2006. Diana Russell y Jill Radford habían acuñado el término femicide en inglés, en 1992, como el asesinato misógino de mujeres cometidos por hombres.

El crimen pasional aún permea el relato periodístico de actualidad, y el feminismo gana terreno por sus márgenes. Corresponsalías de género, suplementos especiales de periodismo con perspectiva feminista y cada vez más periodistas formadas y pertenecientes a unas generaciones que han nacido con el feminismo por bandera forman parte de ese bloque que empujamos el cambio.

Como dice Sergi Halimi, no esperes que la sociedad cambie si no cambian los medios, pero no esperes que los medios cambien si la sociedad no cambia. Estamos en el lado correcto de la historia.

 

*Este articulo es parte de la intervención de Ana Gaitero Alonso, presidenta de Apfcyl en la jornada de entrega del Premio 8 de marzo de UGTCYL a la fiscal Pilar Martín Nájera en mayo de 2024.