Mujeres en el Congreso

*Por Paula Rodríguez

En la fecha en la que comienzo este escrito, 26 de febrero de 2025, el Congreso de los Diputados aprueba la renovación del Pacto de Estado contra la Violencia de Género. Lo ha hecho con el respaldo de todas las fuerzas políticas que ocupan el hemiciclo, excepto Vox. Este nuevo acuerdo incluye, entre la ampliación de 172 medidas, la incorporación de ejes clave como el reconocimiento de los menores víctimas de violencia vicaria como legítimas víctimas de la violencia machista.

Según el Instituto de las Mujeres, el Congreso está hoy formado por un 44,3% de mujeres, siendo Vox la formación con el menor porcentaje de diputadas. Desde hace casi una década el Congreso de los Diputados está presidido por mujeres. En la sesión plenaria de hoy se han vuelto a referir a la presidenta de la cámara baja, Francina Armengol, como Señora Presidente. Lo ha hecho otra mujer, una de ese 27,3% de representación femenina que Vox tiene en el parlamento.

Fuera, entre los emblemáticos leones que arropan el hemiciclo, los periodistas parlamentarios se manifiestan contra los agitadores ultras que desde hace meses no permiten que los y las profesionales puedan desarrollar su labor con normalidad. En el centro de la fotografía su presidenta, Ana Isabel Díez, informadora política y parlamentaria desde hace tres décadas.

Me siento en la tribuna y, al darme la vuelta para colocar mi abrigo, veo dos agujeros en la pared, no esperaba encontrarlos tan rápidamente y nada tardo en reconocer que son marcas de las balas que aquel 23F mantuvieron en vilo a todo el país. En aquel amago de golpe de Estado la actitud paternalista de los militares les llevó a querer dejar salir a las mujeres, Elena Moreno entre ellas. La diputada por UCD no se movió del escaño que la democracia le había otorgado.

«Nos dejaban salir por ser mujeres y nos negamos. Teníamos más dignidad que miedo” Elena Moreno

Sentada a mi lado está Pilar Garrido, con 78 años y un bastón morado; ella es abogada retirada y activista incansable por los derechos de las mujeres. Ambas estamos escuchando los discursos con los que cada grupo defiende su posición ante el nuevo pacto de estado. Entablamos conversación y sobre todo, yo la escucho. Reflexionamos sobre el poco ruido que se oye hoy desde el Ministerio de Igualdad y lo mucho que se escuchaba con el equipo antecesor. Comentando aciertos o errores que haya podido tener el anterior ministerio, mi inesperada compañera de tribuna me enseña a mis
veinte lo que ella ha aprendido en toda una vida de activismo feminista: “A una sociedad dormida no se la despierta de la noche a la mañana”. En una sociedad donde el patriarcado está tan arraigado, más con el no tan lejano y sí muy nocivo retroceso que la dictadura supuso para las mujeres de este país, no se puede pretender que un feminismo que apunta tan alto, cale de una legislatura para otra. Sí quererlo, desearlo, pelearlo o ansiarlo y desde luego que sí intentarlo, pero no pretenderlo. Termina sentenciando: “Con tu edad creerás que sí es posible, como entonces yo lo hacía, pero ya he comprobado que no”.

“A una sociedad dormida no se la despierta de la noche a la mañana”
Pilar Garrido

Termino ya este escrito como una liviana muestra de agradecimiento a todas las mujeres que hoy he observado porque, gracias a que ellas fueron, nosotras somos. Todas ellas son responsables de que hoy el día termine con un nuevo Pacto de Estado contra la Violencia de Género que esperemos, suponga una mejora tan real como efectiva en la vida de tantas otras mujeres y niñas.

 

* Ilustración de Marek Studzinski en Unsplash