Columnas con pies de barro

*Por Noelia Martínez Castellanos

 

El pasado 13 de febrero el Diario Palentino publicó una columna de opinión firmada por Jesús Mateo Pinilla titulada “La mujer maoísta”. Un texto que en X se compartió con el pie de foto “Necesidad de defenderse contra las denuncias falsas y el feminismo radical”, algo que dejaba poco a la imaginación sobre la intención del articulista.

Este episodio es otro ejemplo de cómo algunos medios de comunicación alimentan el mito y los bulos de las denuncias falsas y promueven la idea de que las feministas buscamos la igualdad culpando a todos los hombres hasta que se demuestre lo contrario.

La realidad es que este texto, como ocurre con muchos otros de su tipo, se ha vomitado sin fundamento ni argumento. No hay datos, ni voces expertas, solo un tono reaccionario hacia medidas destinadas a promover la igualdad y a proteger a las mujeres frente a situaciones que antes se consideraban normales. Es otro grito a la desesperada más frente a una pérdida de privilegios y de impunidad cuyos únicos argumentos son el “es que ya no se puede decir nada” y el “vamos a tener que firmar un contrato para ligar y acostarnos con una mujer”.

Ante situaciones como esta, a nosotras nos da la sensación de que vivimos en el día de la marmota, apuntando siempre a los mismos errores sin avanzar. Es sumamente frustrante tener que pedir una y otra vez responsabilidad a los medios sobre los contenidos que incluyen y la forma en que informan sobre cualquier tipo de violencia hacia las mujeres. Es muy cansado tener que explicar continuamente la importancia de que se incluya la perspectiva, el enfoque y la voz de las mujeres en todas las informaciones. Y cuando decimos todas, nos referimos a todas: las migrantes, las racializadas, las que viven en áreas rurales, las trabajadoras, las jornaleras, las gitanas, las musulmanas, las transexuales, las neuro divergentes, las indocumentadas, las que tienen algún tipo de discapacidad, las lesbianas, las bisexuales… A todas, en todos los ámbitos. Es un esfuerzo que todos los periodistas debemos hacer. Nosotras incluidas.

Es extremadamente peligroso e irresponsable que haya medios que accedan a publicar este tipo de contenidos bajo el pretexto de la libertad de expresión. No todo vale. Las discriminaciones, opresiones y violencias estructurales que amenazan la vida de una parte de la sociedad, en este caso la de las mujeres (y a unas mucho más que a otras), no pueden ser objeto de debate. El respeto a los derechos humanos es innegociable, especialmente cuando no se aportan datos y se difunden mentiras. No hay que ser un erudito para saber que lo que publican los medios cala en la sociedad y crea opinión pública. Y en este caso se están difundiendo falsedades. 

 

Machismo y racismo

Parece ser que el autor de esta opinión no solo ve un peligro inminente hacia los hombres y que las políticas del anterior Ministerio de Igualdad vayan a llevar a un incremento exacerbado de las denuncias falsas, sino que además considera que estas políticas tampoco nos van a favorecer a las mujeres y nos va a pasar algo parecido a las mujeres que vivieron en la China de Mao. Me gustaría aprovechar esto para hacer un inciso porque es también importante señalar cómo la comparación sesgada con la historia de otro país y cultura -en este caso la de China- no solo distorsiona la realidad de las experiencias de las mujeres en esos contextos, sino que también perpetúa estereotipos racistas y simplificaciones que ignoran las luchas y realidades de las mujeres en el ámbito que nos ocupa. Al desviar la atención hacia narrativas históricas lejanas, se evita la responsabilidad de abordar las injusticias y desigualdades de género arraigadas en la sociedad propia. Esta apropiación selectiva y descontextualizada de la historia de otros pueblos es irrespetuosa y racista.

No quiero decir con esto que no debamos preocuparnos e informarnos de lo que pasa en otros países. Es más, hemos de hacerlo para evitar tener solo una mirada occidental de las cosas. Pero sin paternalismos. En España os recomendamos echar un vistazo a las publicaciones Afroféminas, Afrocolectiva seguir a compañeras y activistas como Paloma Chen, Susana Ye, Quan Zhou, Chaimaa Boukharsa, Safia El Aaddam, Silvia Agüero Fernández, o Lucia Mbomio para entender otras realidades, cerca y lejos, que también nos apelan. O podéis leer a autoras de otros países como las que incluye Sarah Babiker en este artículo para El Salto.

 

Los datos

Ya que estamos, vayamos pues, a los datos. En España, las condenas por denuncias falsas en casos de violencia de género representaron un 0,03% del total de denuncias entre 2009 y 2020, según datos de la Fiscalía General del Estado.

Para más información, os recordamos leer estos dos análisis de maldita.es sobre al asunto, en los que explican, por ejemplo, que las denuncias falsas pueden, y de hecho son, perseguidas por ley, de acuerdo con el artículo 458 sobre falso testimonio del artículo penal. Así lo atestigua el Consejo General de la Abogacía Española: “En muchos casos las mujeres abandonan el proceso por miedo, dependencia económica, emocional en la mayoría de los casos, sin que ello signifique que la denuncia fuese falsa”. 

 

Es muy preocupante que se piense que las mujeres, de manera consciente, estamos dispuestas a denunciar un abuso y a pasar por un proceso sumamente desagradable, largo, que cuestiona nuestra integridad y pone en riesgo nuestra salud física y mental, solo por venganza. Una imagen ficticia que solo alimenta un estereotipo: que por naturaleza las mujeres somos frívolas, falsas y calculadoras. Hacer esto desvía el foco de lo que se debería estar denunciando y analizando. ¿Por qué las mujeres no denuncian, lo hacen tarde o si se deciden, en muchas ocasiones deciden retirar la denuncia por miedo a que no se las crea? Esto sí está probado con datos y suele ser la norma.

Dos casos recientes y documentados, como el de Nevenka Fernández García y el de la superviviente de ‘La Manada‘, ilustran el costo personal y emocional que conlleva denunciar abusos. Estas mujeres han tenido que soportar el escrutinio público, las falsedades sobre sus vidas y revivir sus traumas una y otra vez. Si este es el precio de denunciar, ¿cuántas mujeres creéis que están dispuestas a presentar una denuncia falsa?

Es importante señalar aquí que hablamos de dos mujeres blancas, con redes de apoyo cercanas. ¿Qué pasa entonces con las mujeres indocumentadas que no acuden a la justicia por miedo a que las deporten o no les ofrezcan ayuda por no estar regularizadas? ¿O con las mujeres inmigrantes que no tengan redes de apoyo cerca y tengan que vivir una situación así en soledad?¿O con las racializadas que además tienen que lidiar con el racismo estructural en instituciones y sociedad? ¿Y si además sus recursos son limitados?

Pero vamos con más datos que refutan el mito de las denuncias falsas. Las denuncias por delitos contra la libertad sexual en España en 2022 aumentaron un 13% respecto a 2021, y un 34% si nos referimos específicamente a denuncias por violación, según datos del Balance de Criminalidad del Ministerio del Interior. Aunque el Ministerio achaca este aumento de las denuncias a una mayor concienciación de la sociedad, por las campañas animando a denunciar, las cifras son alarmantes: en España se denuncia una violación cada tres horas y dos agresiones o abusos sexuales a la hora. Es importante reconocer que estas estadísticas probablemente subestiman el verdadero alcance del problema, ya que muchas víctimas no denuncian por los motivos que explica anteriormente. Solo hay que ver, por ejemplo, los miles de testimonios que han llegado a las campañas de la compañera Cristina Fallarás, primero en Twitter con el hashtag #cuéntalo y más tarde en Instagram con el hashtag #Seacabó.

En la primera contó con  2,75 millones de intervenciones de unos 60 países diferentes. Las amenazas y agresiones que la periodista recibía a diario hicieron que decidiera abandonar esta red social. En 2023, a raíz del beso sin consentimiento de Luis Rubiales a Jenni Hermoso comenzó la campaña #Seacabó en Instagram. Una vez más, estaba recogiendo miles y miles de testimonios hasta que el 1 de marzo de 2024 le cerraron la cuenta. Esta vez, al parecer, de manera definitiva.

Para nuestra campaña de este 8 de marzo, en APFCyL hemos recogido y publicado en nuestro perfil de Twitter y nuestra página de Facebook más despropósitos periodísticos como este para seguir educando y exigir un #PeriodismoSinMachismo. O más bien, cómo bien reivindica la compañera Macarena Baena Garrido, periodismo a secas.

La divulgación de opiniones que alimentan estereotipos y mitos sobre las denuncias falsas solo obstaculiza el avance hacia la igualdad de género. Es esencial que los medios de comunicación asuman su responsabilidad en la promoción de un discurso respetuoso y basado en datos. En lugar de perpetuar prejuicios, debemos trabajar juntos para construir una sociedad más justa e inclusiva para todas las mujeres. Este 8 de marzo, y en todos los días, continuaremos nuestra lucha por un periodismo libre de machismo, donde todas las voces sean escuchadas y respetadas.