No podemos callarnos.

Por Ana Gaitero Alonso.

El feminismo les ha explotado en las manos. No se pueden manosear las palabras sin meterlas en la vida cotidiana. La palabra feminismo, que importamos del francés en el siglo XIX para nombrar la lucha de las mujeres por los derechos civiles en aquel entonces, se ha convertido en bandera de generaciones y los partidos políticos han encontrado un filón electoral en busca del codiciado voto femenino.

No vamos a ignorar que escuchar al feminismo ha traído en las primeras décadas del siglo XXI avances de calado para la igualdad que se ha sumado al cambio social sin precedentes de la vida de las mujeres gracias al acceso a la educación, la cultura, el trabajo y el ocio.

Hasta las voces más moderadas han descubierto que sus madres eran feministas sin saberlo, pero también hemos asistido al esperpento de oír a hombres que son feministas porque tienen madre, esposa y hermana. El feminismo ha impregnado la superficie de nuestras vidas, pero si miramos bien en nuestros adentros sabemos que no supera la prueba del algodón.

Esto es lo que ha sucedido en el PSOE. El partido que ha hecho de la igualdad una de sus enseñas en la hora de la decadencia de la socialdemocracia no ha podido disimular por más tiempo las miserias de su aparato. El problema no es que haya habido puteros reconocidos y presuntos acosadores. Lo grave es que se haya consentido y, con el silencio, se haya protegido a los malhechores en perjuicio de las víctimas y de la dignidad del partido.

Ábalos, Koldo, Salazar, el alcalde de Torremolinos, el presidente de la Diputación de Lugo, un senador de Valladolid que dimite misteriosamente, el alcalde de Almussafes… La lista aumenta cada vez que abrimos la portada de un digital. La cascada de hombres poderosos, en mayor o menor medida, señalados por conductas de acoso sexual nos produce una zozobra que nos impide callarnos.

Queremos mostrar nuestro apoyo a todas las mujeres feministas del Partido Socialista porque sabemos que la lucha por la igualdad es muy cansada, se dejan muchos pelos en la gatera y muchas veces cuesta el puesto. Nuestro reconocimiento especial y aliento para las que han denunciado usando los canales internos habilitados por el propio aparato, aunque no hayan funcionado. Ellas confiaron en su partido ‘feminista’.

A menudo el feminismo se convierte en postureo o en un mandato que funciona de puertas para fuera, mientras en casa se guardan los problemas debajo de la alfombra porque ya sabes cómo es fulanito o zutanito y hay que proteger al partido.

Tanto tapar con silencio o dejadez han acabado por meter al partido y al Gobierno en una espiral de desgaste que se suma a los casos de corrupción.

A los machistas, a los acosadores, a los puteros hay que pararlos a la primera de cambio. Pero no nos engañemos. Estos comportamientos han sido normalizados durante años y ahora que ya no son tolerados, tampoco son exclusivos de un partido al que le ha llegado la hora de rendir cuentas con pulcritud.

El PP tiene en su haber la primera sentencia a un político por acoso sexual, aunque Ismael Álvarez ya no fuera militante del PP -pero sí alcalde y procurador elegido por sus siglas- cuando fue condenado por acoso sexual a Nevenka Fernández, concejala del Ayuntamiento de Ponferrada, en 2001.

El partido cerró filas inicialmente con el denunciado y posteriormente entró en un mutis por el foro que no ha abandonado. Nunca arropó a la víctima, protegió al acosador y aún no ha pedido perdón a Nevenka Fernández. En las Cortes de Castilla y León, el Grupo Popular se acaba de negar poner su nombre a unos premios con los que, dicho sea de paso, el PSOE quería ponerse una medalla a su costa.

El PSOE tampoco está limpio en este caso por más redención que ha buscado en la reparación a la víctima. Bajo el mando de Óscar López consiguió la alcaldía de Ponferrada con el apoyo de Ismael Álvarez diez años después. Los concejales y concejalas que mantuvieron su decisión quedaron fuera del partido, pero Óscar López se fue de rositas. Y ahí sigue.

De aquellos polvos vienen estos lodos. A los de abajo se les exige pulcritud, pero con los de arriba la manga es tan ancha que todo el mundo sabía cómo era Ábalos y nadie de los que se sentaba en el Consejo de Ministros y Ministras a su lado le hizo ascos.

El feminismo ha sobrevivido a 300 años de acoso del patriarcado y ha logrado las conquistas más importantes no solo para la mitad de la población, sino para la sociedad en su conjunto. No es patrimonio de ningún partido, aunque haya algunos que lo combaten con tanta furia que apenas tienen otras razones en su argumentario.

El acoso sexual y las conductas machistas están a la orden del día y no todas las mujeres tienen canales anónimos para denunciarlo. Podríamos hablar del machismo en las redacciones, ya que es nuestro ámbito de trabajo.

Es posible que las historias de desabróchate un botón más de la camisa, la que no es puta es manca o a dónde vas con tus años, se multiplicaran a lo largo y ancho de la ancha Castilla y León. No podemos seguir a exigiendo a las mujeres que denuncien y se rebelen si no exigimos a los hombres que señalen y no consientan lo que salta a la vista.

No podemos callarnos y vosotros tampoco.

 

***Imagen destacada: ilustración Alemedia.id vía Canva.