Carmen Sarmiento, una sencilla periodista

Por Ana Gaitero, presidenta de la Asociación de Periodistas Feministas de Castilla y León.

 

Carmen Sarmiento (Madrid, 1944) metió el feminismo en Televisión Española y sufrió el machismo en esa misma tele pública. La única tele que había cuando empezó en los años 60 y la que fue su casa profesional durante más de 35 años.

La «sencilla periodista» que acaba de ser laureada con el máximo honor académico por la Universidad de Valladolid supo ver que detrás de los marginados estaban las mujeres doblemente marginadas; coló en la parrilla temas prohibidos como el aborto o el divorcio con reportajes hechos en Francia e Italia; señaló el uso de la violencia machista hacia hijos e hijas cuando la violencia vicaria aún no tenía nombre; logró ser corresponsal de guerra después de que su jefe se echara las manos a la cabeza al grito de «¡cómo vamos a mandar a la guerra a una mujer!». Es la misma periodista que la que nunca fue reconocida ni salarial ni laboralmente como subdirectora que fue de Informe Semanal, sufrió la censura tanto en la dictadura como en la democracia, tuvo que esperar hasta dos años a ver emitido alguno de estos reportajes y estuvo siete años «haciendo pasillos» en RTVE.

El 26 de abril de 2024, Carmen Sarmiento fue investida Doctora Honoris Causa por la Universidad de Valladolid. Su enorme voz sonó en el Paraninfo de la Universidad de Valladolid igual que cuando relataba, sobre las imágenes o delante de la cámara, las realidades más desgarradoras de países desconocidos y personas ignoradas en sus épicos reportajes televisivos. Sin aspavientos ni engolamiento. Una voz clara, grave y pacífica, firmemente sostenida por el amor a una profesión que ha ejercido sin condescendencia.

Después de nueve años como corresponsal de guerra y reportera en conflictos olvidados decidió cambiar de rumbo.  Conmocionada por el «impacto brutal» de la guerra en las mujeres – «eran las grandes perdedoras», el «botín», dijo en su discurso-  se propuso contar «la vida de los más pobres», víctimas, al fin y al cabo, de una «violencia estructural», señaló Sarmiento. Abría una ventana a realidades que no encajaban en la agenda del telediario. Como dijo la profesora Dunia Etura, impulsora y madrina de este honoris causa, «no dio voz (a los marginados, a las mujeres, a los excluidos) porque ya la tenían», sino que «fue su altavoz».

Las mujeres han ocupado «un lugar importante» en el trabajo de esta reportera. Como explicó en el acto académico, «detrás de un campesino hay una mujer doblemente explotada y detrás de un negro, una negra doblemente marginada». Como pionera que ha sido, y no es un título de regalo, también vislumbró el feminismo interseccional que hoy se reivindica con flamante terminología.

 

TRABAJO SOCIAL

 

Pese al rango que ya le confiere el bonete azul, declaró: «No soy una académica, soy una sencilla periodista que ha hecho un trabajo social». Los viajes y el contacto con la gente fueron su campo de conocimientos más preciados, engrandeciendo el oficio que aprendió en la pequeña Escuela de Periodismo en la que estudió la carrera en el Madrid de los años 60.

Aprendió sobre el terreno los efectos liberadores que para las mujeres tiene la educación. «Lo saben bien los talibanes», señaló al razonar por qué apartan a las niñas y jóvenes de las escuelas y la universidad.

Carmen Sarmiento dejó caer sobre la alfombra los datos que relatan que la condición de la mujer en el planeta aún es muy precaria. «Hay más de 480 millones de mujeres analfabetas en el mundo y en la India hay 60 millones menos de mujeres de las que debería haber» porque han sido asesinadas. «El patriarcado nos ha engañado durante siglos, mediante la violencia o halagos», subrayó.

La nueva Doctora Honoris Causa no es la primera periodista que alcanza este rango en España. Victoria Prego, Elena Poniatowska, Cristina Gallach… Son algunas de las mujeres periodistas reconocidas con el máximo honor académico. Lo singular, en el caso de Carmen Sarmiento es que se reconoce una labor periodística en la que el feminismo ha sido su norte para que, en sus propias palabras, «las mujeres dejen de ser el sur de los hombres».

La lista de periodistas varones es mucho más nutrida, por supuesto; al igual que el número de honoris causa del sexo masculino que jalonan el frontispicio de la UVA (76) frente al de las mujeres (nueve) desde que en 1930 se concedió el primer título honorífico a Heinrich Finke, historiador e hispanista alemán. Según la UVA, las mujeres galardonadas han sido la reina Sofía, Rosa Chacel Arimón (1989), Margarita de Borbón, Sheila Sherlock (1994 Michèle Aymard (2004), Nicole Dacos Crifò (2011), Michele Mattelar (2016), Marina Subirats (2018) y Carmen Sarmiento (2024).

«No está mal. Poco más de una por siglo», ironizaba una vallisoletana entre el público que siguió el acto. La Universidad de Valladolid fue fundada en 1241, aunque es cierto que la historia de los honoris causa arranca en el segundo tercio del siglo XX.

 

RECORRIENDO EL MUNDO

Sarmiento recibió el honor junto al catedrático de Ciencias Forestales de la Universidad de Munich, Hans Pretzsch, investigador colaborador estacional en el campus de Palencia, donde «me siento como una lancha motora»,  frente «al petrolero que se mueve lentamente en Alemania», dijo antes de agradecer el reconocimiento sin perder el tono desenfadado.

Carmen Sarmiento mostró su gratitud por el honor académico con estas palabras: «Es un reconocimiento a toda una vida recorriendo el mundo». Y sonrío, sonrío mucho mientras lanzaba besos al público, a los y las claustrales que le arroparon y al mismísimo rector, con una alegría que reflejaba su emoción.

A su alrededor había muchas mujeres felices con ella. María Pazos, Pilar González, Paloma Andrés, Lola López Mondéjar, Asunción Esteban, Nuria Etura… y, por supuesto, Charo le acompañaron en el nuevo hito que corona su carrera profesional. La periodista sencilla que no pudo cambiar el mundo aunque lo consiguió «mover un poco» lleva escrita en su vida y en sus reportajes la historia de las mujeres del último tercio del siglo XX con tinta violeta.

Abrazar ese legado es también tarea de actualidad. Que la Universidad de Valladolid haya incluido a Carmen Sarmiento en su cuadro de doctoras y doctores es un gesto que ennoblece la tarea de una periodista que aportó nuevos enfoques y contenidos con las mujeres en primera plana. El título también irradia prestigio a una profesión que tiene el deber de contar la historia completa y asumir su rol para socavar la brecha de la desigualdad y las violencias hacia las mujeres sin dar tregua, ni establecer equidistancias con los voceros del negacionismo.

Sobre los cimientos de la lucha feminista, con la ayuda de un periodismo con perspectiva de género, se ha puesto nombre a las violencias. Ahora el reto es que no se borren y que no niegue su existencia hasta acabar con ellas. De lo contrario, seremos cómplices.

Carmen Sarmiento marcó tres décadas de periodismo en el siglo XX con un lema que sigue  vigente en el siglo XXI:  «Sin la participación de las mujeres, no hay derechos humanos».